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1 mar 2010

Tormenta

Wu Kieng
Siglo XIX


Maldije a la lluvia que, azotando mi techo, no me dejaba dormir.

Maldije al viento que me robaba las flores de mis jardines.

Pero tú llegaste y alabé a la lluvia. La alabé cuando te quitaste la túnica empapada.

Pero tú llegaste y alabé al viento, lo alabé porque apagó la lámpara.

Agua

Anónimo
Siglo I


Me asomé al río Yang-T`se, me seducía la transparencia de sus aguas y las quise aprisionar entre mis manos pero me fue imposible.

Hoy, admirando tu belleza, quise, amante, aprisionarla con mi cariño, pero se me fue, como el agua

Fidelidad

Chang Tsi
Siglo IX


Sabéis que soy otro, sin embargo me brindáis brillantes perlas. Emocionada por vuestro persistente amor, las pongo en mi vestido de seda roja.

Mi situación se halla entre la de los pares del Imperio. Mi marido lleva la lanza en el Palacio de la Claridad. Vuestras intenciones son tan puras como el sol y la luna, pero yo he jurado ser fiel a mi esposo en vida y muerte. Con lágrimas en los ojos os devuelvo vuestras perlas. ¡Qué no os haya conocido soltera y joven!

Un Sueño

Nikolai Gumiliov

Extraviado en un sueño tonto
Desperté muy afligido:
Soñé que tú amabas a otro
Y que él te había ofendido

Entonces me arrojé de mi cama
Como un asesino huye del cadalso
Y miré con aire sombrío
Los faroles opacos brillando.

Quizás, nadie tan solitario
Ha vagabundeado tanto esa noche
Por las calles tristes y obscuras
Y por los cauces secos de los ríos.

Te he amado así sin remedio
No tengo alternativa
Mas sabes bien que no podría
Inquietar tu corazón.

Se que él te ofendió
Aunque todo haya sido en un sueño
Sin embargo, yo sé que me muero
Por ese sueño sin razón.

1 oct 2008

Ronda de la Muerte

Jota Mario Arbeláez (Cali, Colombia 1940- )

No hay día que no traiga
como un fatídico cartero
noticias acerca de la muerte
de algún amigo de la infancia.

No es que estemos muy viejos
ni ha estallado la guerra.
No hay epidemia declarada
ni militamos en la mafia.

Unos adquieren cáncer temprano,
a otros el corazón se los lleva,
de vez en cuando algún suicidio
o un estrellón en la carretera.

Se encuentra uno en los sepelios
y los rescata del olvido
condiscípulos ventripotentes
ya con tarjeta de abogados.

Y la próxima vez que los ves
es en la misma funeraria
con cara de pocos amigos
nadando en flores.

Un día de estos yo seré la noticia
y los niños de entonces
se conmoverán en sus escritorios
por mi desaparición prematura.

Nada tengo contra la muerte.
Pero me hubiera gustado vivir
la promesa de un paraíso
donde el amor fuera posible
sin la espina de su corona.

19 sept 2008

Poema de amor

Roque Dalton - San Salvador (1935-1975)

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como "silver roll" y no como "gold roll"),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
("me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño"),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
("La gruta azul", "El Calzoncito", "Happyland"),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran ****,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

5 sept 2008

La uva y el vino

El libro de los abrazos - Eduardo Galeano.

Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto:

La uva? le susurró, está hecha de vino.

Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.

11 ago 2008

Yo Voy Soñando Caminos

de Antonio Machado

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
“la espina de una pasión;
“logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
“quién te pudiera sentir
“en el corazón clavada”.

10 mar 2008

Los Amantes

Octavio Gamboa - Cali, Colombia

Si por una ventana alguien se asoma
y mira nuestro amor
y si abrazados nos encuentra un ángel
y si se nota que la luz va y viene
de corazón a corazón.

Si sorprenden tus manos en las mías
y mi alma enredada en tu sonrisa
como una veranera en tu balcón
y si es el alba o el atardecer
el rojo resplandor que nace o muere
al este o al oeste del amor.

Si alguien llega en las plantas de los pies
y cruza el aire azul donde soñamos
y estamos tú y yo
bebiendo vino rojo y sonriendo
y oímos a lo lejos un rumor
(tú piensas en el mar y yo en el viento)
y el mar y el viento somos tú y yo
y entre el viento y el mar todo el amor...

Elogio de la Palabra Muchacha

Octavio Gamboa - Cali, Colombia

Qué bellas son la demoiselle,
the girl, die Mädchen, la garota,
y la ragazza que deslíe
su miel de música en la boca.

No me gusta la señorita
por escogida y pretenciosa
y la dama ya maduró
su par de sílabas redondas.

Gozo la palabra muchacha,
unión de pétalos en rosa
que se repite al terminar
en aplauso de mariposa.

Hay algo que surge en el aire
cuando la digo estando a solas
algo sutil que toma cuerpo
como la luz en una joya.

Eres tú, muchacha sencilla,
llena de alas y palomas.
Estás a punto de volar
a repartir la luz del mundo
a semejanza de la aurora.

Oh Madre

Gabriel Llanos - Cali, Colombia

Brinda arrullo y regazo como el árbol y el ave
a la desolación de mis días aviesos.
La miel de sus palabras desciende hasta mis huesos
con el blando rumor de una lluvia suave.

En su mirar profundo puso dios con la clave
de la vida, honda urna de castos embelesos.
Se hace pura mi carne al calor de sus besos;
su plegaria es la estrella que dirige mi nave.

Me ha dicho alguna vez que fue triste su infancia
¡yo nunca le pregunto por las antiguas cosas!,
mas a su voz mi espíritu se llena de fragancia.

Si pienso en su niñez me inunda dulce llanto,
cuando niña, ¡quién sabe si al mirar unas rosas
su virginal entraña sintió crecer mi canto!.

Las Ventanas

Tema de Gabriel Murey
Traducido por Ricardo Nieto - Valle del Cauca, Colombia


Hay ventanas que ríen entre rosas.
Delante de sus marcos de madera
están ellas felices, como niños
escondidos detrás de las vidrieras,
aspirando el aroma de los nardos
y el perfume nupcial de las violetas.

Hay ventanas que lloran solitarias
en la orfandad de las paredes muertas.
¿Lloran tal vez sus desventuras hondas
o años lejanos con piedad recuerdan
al mirarse oprimir entre los brazos
descarnados y mustios de la yedra?

Hay ventanas de amor: arrulladoras
de caricias, ternuras y promesas;
a su redor bandadas de ilusiones,
como palomas, sin cesar, se besan.

Hay ventanas de orgullo: enmohecidas
entre el mármol destácanse altaneras
y al pasar os refieren una historia
de cosas grandes y de cosas viejas.

y hay ventanas de ensueño. . . A donde asoma,
al morirse la tarde lastimera,
a contemplar los negros campanarios,
como una flor de palidez, la enferma. . .

Mas a vosotras es a quien yo amo,
ventanas melancólicas de aldea,
pobres ventanas que os abrís humildes
a divisar los pinos de la selva.

Es también a vosotras, moribundas
ventanas tristes de las casas viejas
que a través de los árboles desnudos
me habláis en un idioma de tristeza
de un ensueño lejano, ¡muy lejano!,
de una historia tan suave cual la seda. . .

Y es también a vosotras, oh ventanas!
que abrís las naves silenciosas, buenas,
al jardín solitario y escondido
de la casa cural; dulces ventanas
que lejos del bullicio de la tierra,
miráis pasar indiferentemente
(oh corazón, si fueses tú como ellas!)
por encima del viejo camposanto
la vida con sus risas y sus penas.

Venganza China

Jota Mario Arbelaez - Cali, Colombia

Los agentes secretos que me perseguían están ahora en las
mismas cárceles donde pensaban guardarme

Las novias que me abandonaron están casadas con
zarrapastrosos

Los empresarios que vetaron mi solicitud de empleo han visto
quebrar sus negocios

La agencia de arrendamiento que pretendió entablarme juicio
de lanzamiento fue cerrada por el gobierno

El pisaverde que perjudicó a mi hermanita en una piscina se
ahogó en Juanchaco

Los profesores que me hicieron perder el bachillerato se han
puesto verdes

leyendo en el pequeño libro de pastas gruesas editado en
París, en la letra A:

Arbeláez Jota Mario. Cali, 1940. Poeta.

8 mar 2008

¿Quién Oye?

Julio Florez

De noche, bajo el cielo desolado,
pienso en tu amor y pienso en tu abandono,
¡y miro en mi interior deshecho el trono
que te alcé como a un ídolo sagrado!

¡Al ver mi porvenir despedazado
por tu infidelidad, crece mi encono!
Mas, como sé que sufres, te perdono...
¡Oh, tú jamás me hubieras perdonado!

Mis lágrimas, en trémulo derroche,
ruedan al fin, y luego, en inaudito
arranque, a Dios elevo mi reproche...

¡Pero se pierde entre el negror mi grito
y sólo escucho, en medio de la noche,
del silencio el monólogo infinito!

7 mar 2008

Exvoto (a las chicas de flores)

Oliverio Girondo, poeta argentino
de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía

"Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa. Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda. Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes, se enciendan y se apaguen como luciérnagas. Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que pasan por la vereda."

24 ene 2008

Las Uvas del Tiempo

Autor: Andrés Eloy Blanco (Venezuela)

Madre: esta noche se nos muere un año.
En esta ciudad grande, todos están de fiesta;
zambombas, serenatas, gritos, ¡ah, cómo gritan!;
claro, como todos tienen su madre cerca...
¡Yo estoy tan solo, madre,
tan solo!; pero miento, que ojalá lo estuviera;
estoy con tu recuerdo, y el recuerdo es un año
pasado que se queda.
Si vieras, si escucharas esta alboroto: hay hombres
vestidos de locura, con cacerolas viejas,
tambores de sartenes,
cencerros y cornetas;
el hálito canalla
de las mujers ebrias;
el diablo, con diez latas prendidas en el rabo,
anda por esas calles inventando piruetas,
y por esta balumba en que da brincos
la gran ciudad histérica,
mi soledad y tu recuerdo, madre,
marchan como dos penas.

Esta es la noche en que todos se ponen
en los ojos la venda,
para olvidar que hay alguien cerrando un libro,
para no ver la periódica liquidación de cuentas,
donde van las partidas al Haber de la Muerte,
por lo que viene y por lo que se queda,
porque no lo sufrimos se ha perdido
y lo gozado ayer es una perdida.

Aquí es de la tradición que en esta noche,
cuando el reloj anuncia que el Año Nuevo llega,
todos los hombres coman, al compas de las horas,
las doce uvas de la Noche Vieja.
Pero aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!,
como en los pueblos de mi tierra;
en este gozo hay menos caridad; la alegría
de cada cual va sola, y la tristeza
del que está al margen del tumulto acusa
lo inevitable de la casa ajena.

¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes,
sin conocerse, con la buena nueva!
Las manos que se buscan con la efusión unánime
de ser hormigas de la misma cueva;
y al hombre que está solo, bajo un arbol,
le dicen cosas de honda fortaleza:
"¡Venid compadre, que las horas pasan;
pero aprendamos a pasar con ellas!"
Y el cañonazo en la Planicie,
y el himno nacional desde la iglesia,
y el amigo que viene a saludarnos:
"feliz año, señores", y los criados que llegan
a recibir en nuestros brazos
el amor de la casa buena.

Y el beso familiar a medianoche:
"La bendición, mi madre"
"Que el Señor la proteja..."
Y despues, en el claro comedor, la familia
congregada para la cena,
con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado,
y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
¡Madre, cómo son ácidas
las uvas de la ausencia!

¡Mi casona oriental! Aquella casa
con claustros coloniales, portón y enredaderas,
el molino de viento y los granados,
los grandes libros de la biblioteca
-mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
que hablaban de los reinos de la Naturaleza-.
Al lado, el gran corral, donde parece
que hay dinero enterrado desde la Independencia;
el corral con guayabos y almendros,
el corral con peonías y cerezas
y el gran parral que daba todo el año
uvas más dulces que la miel de las abejas.

Bajo el parral hay un estanque;
un baño en ese estanque sabe a Grecia;
del verde artesonado, las uvas en racimos,
tan bajas, que del agua se podría cogerlas,
y mientras en los labios se desangra la uva,
los pies hacen saltar el agua fresca.

Cuando llegaba la sazón tenía
cada racimo un capuchón de tela,
para salvarlo de la gula
de las avispas negras,
y tenían entonces
una gracia invernal las uvas nuestras,
arrebujadas en sus talas blancas,
sordas a la canción de las abejas...

Y ahora, madre, que tan sólo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,
siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fué dulzura
las uvas de la ausencia.

Y ahora me pregunto:
Por qué razón estoy yo aquí? Que fuerza pudo
más que tu amor, que me llevaba
a la dulce aninomia de tu puerta?
¡Oh miserable vara que nos mides!
¡El Renombre, la Gloria..., pobre cosa pequeña!
¡Cuando dejé mi casa para buscar la Gloria,
cómo olvidé la Gloria que me dejeba en ella!

Y esta es la lucha ante los hombres malos
y ante las almas buenas;
yo soy un hombre a solas en busca de un camino.
Dónde hallaré camino mejor que la vereda
que a ti me lleva, madre; la verdad que corta
por los campos frutales, pintada de hojas secas,
siempre recien llovida,
con pájaros del trópico, con muchachas de la aldea,
hombres que dicen: "Buenos días, niño",
y el queso que me guardas siempre para merienda?
Esa es la Gloria, madre, para un hombre
que se llamó fray Luis y era poeta.

¡Oh mi casa sin cítricos, mi casa donde puede
mi poesía andar como una reina!
Qué sabes tú de formas y doctrinas,
de metros y de escuela?
Tú eres mi madre, que me dices siempre
que son hermosos todos mis poemas;
para ti, soy grande; cuando dices mis versos,
yo no sé si los dices o los rezas...
¡Y mientras exprimimos en las uvas del Tiempo
toda una vida absurda, la promesa
de vernos otra vez se va alargando,
y el momento de irnos está cerca,
y no pensamos que se pierde todo!
¡Por eso en esta noche, mientras pasa la fiesta
y en la última uva libo la última gota
del año que se aleja,
pienso en que tienes todavía, madre,
retazos de carbón en la cabeza,
y ojos tan bellos que por mí regaron
su clara pleamar en tus ojeras,
y manos pulcras, y esbeltez de talle,
donde hay la gracia de la espiga nueva;
que eres hermosa, madre, todavía,
y yo estoy loco por estar de vuelta,
porque tú eres la Gloria de mis años
y no quiero volver cuando estés vieja!...

Uvas del Tiempo que mi ser escancia
en el recuerdo de la viña seca,
¡Cómo me pierdo, madre, en los caminos
hacia la devoción de tu vereda!
Y en esta algarabía de la ciudad borracha,
donde va mi emoción sin compañera,
mientras los hombres comen las uvas de los meses,
yo me acojo al recuerdo como un niño a una puerta.
Mi labio está bebiendo de tu seno,
que es el racimo de la parra buena,
el buen racimo que exprimí en el día
sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.

Madre, esta noche se nos muere un año;
todos estos señores tienen su madre cerca,
y al lado mío mi tristeza muda
tiene el dolor de una muchacha muerta...
Y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja.

21 jun 2007

Tormenta

Wu Kieng - Siglo XIX

Maldije a la lluvia que, azotando mi techo, no me dejaba dormir.
Maldije al viento que me robaba las flores de mis jardines.
Pero tú llegaste y alabé a la lluvia. La alabé cuando te quitaste la túnica empapada.
Pero tú llegaste y alabé al viento, lo alabé porque apagó la lámpara.

¿Cuántas Estrellas tiene el Cielo?

Andrés Eloy Blanco

La última noche que pasamos juntos,
lo preguntó:
-¿Cuántas estrellas tiene el cielo?
-Trescientas cincuenta mil.
-¿A que no?
-¿A que sí?

-Cállate. Esta noche
no quiero que preguntes esas cosas.
Esta noche, si quieres preguntar
cuántas estrellas tiene el cielo,
o cualquier otra cosa,
pregunta algo así como ¿me quieres?
¿tienes frío? ¿quién dice que tiene hambre?

Esta noche, pregunta algo que sea
contestado en el mundo sin palabras.
Interroga con toda tu sangre
algo en que toda la vida del mundo
esté preguntando,
algo así como ¿quién llora?
¿hace falta algo?

Y verás como todo hace falta
y sabrás cuántas estrellas tiene el cielo
cuando sepas que el cielo tiene una sola estrella
para cada momento,
porque con una que se pierda
dará un paso de sombra la luz del Universo.

Epístola a una Desconocida

Andrés Eloy Blanco (Venezuela, 1896-1955)

Usted debe ser bella, Señorita;
tengo el deber de suponerla bella;
al menos en su libro lo asegura
la insegura verdad de los poetas.

Y sí no es bella, tendrá un alma grande
que es la expresión de luz de la belleza;
el rostro de la noche no es hermoso
sino la luz , que nos da en estrellas.

Mis versos en usted son más sinceros
que en todas las mujeres que han pasado a mi vera,
por el misterio, por la lejanía,
por lo que amamos en el mar la perla.

¿Verdad que es seductora esa ignorancia
y esa interrogación?: ¿quién será ella?
¿de qué ignoto color tendrá los ojos?
¿qué olor de campo llevará en las trenzas?

Y en la azorada urgencia de una cita,
cómplice de la noche y de la reja,
pensar, cómo bañados de presagios,
se le agrandan los ojos en la espera;

y soñarla cantando junto al río,
mientras un egipán de la ribera
se pregunta al oír su serenata:
¿será Diana en el baño, desmayada en Ofelia?

y pensarla armoniosa, entumecida
con el agua bendita de un Poema,
abrazada a la estatua del Ensueño
con florido vigor de enredadera;

y hacer, en fin, en torno de su vida
una decoración de las cosas bellas,
donde ella pase derramando flores,
como el resumen de la Primavera.

Esa atracción de lo desconocido
me seduce en usted de tal manera,
que para no matar esta ignorancia,
yo no quisiera nunca conocerla:

porque, al llegar a usted, puede la suerte
poner un desengaño en mi leyenda,
pues yo de las mujeres, señorita,
tengo el sentir de que no son muy buenas....


Prefiero, pues, no conocerla nunca,
pensarla hermosa, suponerla buena,
soñar con que el rescoldo de su pecho
guarda una brasa para los poetas.

Y sobre todo, suponerla alta,
que es mucho más que suponerla bella:
ser bello es ser flor, que dura un día,
ser alto, es ser estrella.

23 nov 2006

HAN TOCADO A MI PUERTA

Ricardo Nieto, Valle del Cauca (Colombia).

Ha tocado a mi puerta...
¿Quién será?...¿Por qué viene?... ¿Por qué toca?
¿Viene tal vez por la esperanza muerta
que ayer no más cantaba entre mi boca
como la alondra cuando el sol despierta?

Han tocado a mi puerta: lo he sentido.

Fue tan sutil y tan fugaz el ruido
que nadie más oyó que el alma mía.
Fue un rumor tenebroso que venía
de las cuencas oscuras del pasado
a turbar con su grito destemplado
la fe de mi alegría...

El pueblo solitario
Una luna menguante y ojerosa
tiñe de blanco el viejo campanario.
Un perro aúlla en la extensión medrosa.
Nadie, nadie despierta...
Sólo mi corazón dice en la sombra:
"Han tocado a la puerta"
Y unos pasos se pierden en la sombra.

Mi camino recorrido